El futuro aún no ha llegado, pero está en camino
Baranda
jgb@barrapunto.com
Octubre de 2003
©2003 Baranda.
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distribuir este documento completo en cualquier medio si se hace de forma
literal y se mantiene esta nota.
Este artículo fue publicado en el número 36 de la revista Todo Linux.
Este artículo está disponible en http://sinetgy.org/jgb
En el mundo de la creación y de la distribución de
producciones intelectuales las cosas están cambiando. O al menos hay cosas que
están cambiando. Las nuevas posibilidades que nos ofrece desde hace
poco más de una década la combinación de la informática y las
comunicaciones proporcionan muchas nuevas posibilidades que apenas
estamos empezando a comprender, y poco a poco a aprovechar.
El software libre es una de estas posibilidades. Sin duda una de las
más desarrolladas, y de las que más interés ha despertado, pero no la
única. Otras
muchas están apareciendo, cada vez más claramente. Poco a poco otros
ámbitos que tratan también con
información están experimentando nuevos modelos. La producción
literaria, la musical, la audiovisual, entre otras, podrían beneficiarse de
muchas nuevas posibilidades. El futuro aún no está aquí, pero está de
camino. Y en estos años estamos convirtiéndolo en presente. Mientras
esto ocurre, necesitamos experimentar y aprender qué podemos hacer con
este juguete nuevo.
¿Qué hay de nuevo, viejo?
Aún es pronto para poder definir con exactitud cuáles son los rasgos
más importantes de los grandes cambios que empezaron a suceder con la
convergencia de la informática y las comunicaciones. Pero ya
disponemos de una perspectiva de más de diez años para tratar de
aventurarnos a ello.
Por un lado, los cambios tecnológicos son obvios. Una parte cada vez
mayor de la humanidad dispone de una tecnología que
puede revolucionar completamente la gestión de la información.
La combinación de la informática y las comunicaciones
está disponible cada vez para más personas, con un coste cada vez
menor, y cada vez con más capacidades y facilidad de uso. Las
posibilidades que ofrece son inmensas. Podemos distribuir una obra intelectual
(una composición musical, una novela, una película, un programa de
ordenador) a cualquier parte del mundo en pocos
milisegundos. Podemos obtener copias exactas de cualquiera de estas
obras. El soporte digital nos permite también, cuando disponemos de las
herramientas adecuadas, realizar versiones
derivadas con gran facilidad, y centrándonos fundamentalmente en
los aspectos creativos. Podemos crear obras colectivas como nunca
antes habíamos podido, en campos totalmente nuevos, y con los autores
en lugares y tiempos diferentes.
Los cambios no tecnológicos (pero fruto directo de la tecnología) no
son tan obvios, pero también estamos empezando a percibirlos. Por un
lado, la distribución de información se está convirtiendo en una tarea
mucho menos ``industrial'', y mucho menos ``masiva''. Uno de los
grandes cambios que trajo la imprenta, y también la mayor parte de las
tecnologías de la información de finales del XIX y casi todo el siglo
XX (la radio, la televisión, la industria musical, la cinematográfica,
etc.) fue la ``industrialización'' de la distribución. Dejó de ser
artesanal, y pasó a concentrarse en centros de difusión (editoriales,
discográficas, estudios de cine, cadenas de radio y televisión). Esta
estructura se aprovechaba de una tecnología que permitía costes más
bajos si se distribuía en grandes cantidades, a la vez que tendía a la
integración, precisamente para mejorar la estructura de costes.
Estos cambios tuvieron también su influencia en las formas de
producción intelectual. Cuando las grandes empresas empezaron a ser
actores fundamentales en la producción y distribución de obras de
creación, inmediatamente se planteó el cómo proteger su negocio. Cómo
garantizar, por ejemplo, que los recursos empleados en la promoción de
una obra literaria o una película no fueran aprovechados por la
competencia. Los modelos legales e incluso sociales que son habituales
hoy día en la producción intelectual de casi cualquier tipo son un
resultado directo de estos intereses (necesarios por otra parte para
aprovechar eficientemente la tecnología disponible).
Por otro lado, en muchos de estos campos no era muy fácil colaborar
efectivamente en la producción intelectual. Si la tecnología de
distribución de una creación literaria, por ejemplo, es el papel, la
imprenta hace que sea relativamente fácil distribuir miles de copias
iguales de una novela, pero hace muy difícil que los lectores (u
otros escritores) colaboren con obras derivadas. Salvo casos
excepcionales, estas colaboraciones simplemente no existen, hasta el
punto que muchas comunidades (la literaria, por ejemplo) consideran en
muchos casos la creación de derivados como una actividad en el mejor
de los casos ``secundaria'' (y en general, rayana con el desacreditado
plagio).
Pero el cambio de tecnología abre nuevas perspectivas. En muchos
campos, la distribución ya no es un problema que sólo se pueda
resolver con gigantescas infraestructuras especializadas. La
tecnología peer-to-peer ha mostrado, sólo a modo de ejemplo (y
salvando todos los problemas legales que plantea), cómo los
propios consumidores de música pueden encargarse de su propia
redistribución. La importancia de los trabajos derivados y en general
de las contribuciones ``externas'' a los autores originales ha quedado
demostrada en campos tan lejanos como la producción de programas
libres o los foros de noticias (como se comentará más adelante). Y
todo ello en un entorno general donde tanto la legislación como los
usos sociales son aún en gran medida hostiles a estos experimentos.
Pero antes de continuar, consideremos más de cerca alguno de ellos.
Algunos ejemplos
Los foros de noticias nos muestran cómo el saber colectivo de los que
participan puede proporcionar, en espacios de tiempo muy cortos,
información suficiente como para que la calidad global de la ``noticia
construida colaborativamente'' sea como mínimo comparable a la
``noticia media'' de la prensa tradicional. Y en campos específicos,
en foros especializados, esa calidad es bastante superior a la
media. Alguien comenta un rumor, otro lo desmiente, otro aporta
pruebas, y finalmente las partes implicadas intervienen incluyendo
su propia versión, expertos en el tema contribuyen con su visión
critica... Por supuesto no siempre se consigue un nivel de
``calidad'' adecuado por estos medios, pero cada vez más y más la
información más fiable y actualizada sobre ciertos temas se construye
de esta manera. Lo que por otra parte no es extraño: de forma muy
similar ha funcionado durante mucho tiempo la producción de
conocimiento científico, si bien con sus propios tempos, y en sus
propias comunidades. La tecnología permite hacer ahora lo mismo de
forma mucho más rápida, al menos en ciertos ámbitos, y con miles (o
millones) de ojos atentos escrutando el proceso. Y aún estamos
aprendiendo cómo aprovecharnos de estas posibilidades.
Por otro lado, el software libre ya ha mostrado cómo el desarrollo de
un programa se puede beneficiar de las contribuciones (de diversos
tipos). Desde el envío de
un simple informe de error hasta el parche que introduce una funcionalidad
completamente nueva, poco a poco el programa va incorporando
contribuciones de unos y de otros, evolucionando y mejorando. El dicho
de Linus Torvalds, ``dado un número de ojos lo suficientemente grande,
todos los errores son obvios'' es sólo una muestra de las ventajas de
estar sometido al escrutinio público, y de lo que se puede ganar
cuando éstas se reconocen. Desde luego, el software libre también
muestra cómo incluso en un campo complejo, como la producción de
software, la obras colectivas (en las que se incluye el trabajo más o
menos regular y coordinado de los desarrollos principales, pero
también las contribuciones mucho más irregulares de otros
desarrolladores ocasionales) pueden ser tan estables, completas y
maduras como las que son fruto de unas pocas mentes muy coordinadas.
En otro ámbito, las herramientas de redacción cooperativa, y
especialmente entre ellas los wikis, están mostrando cómo construir
textos entre muchos no es ya una utopía extraña, sino un fenómeno cada
vez más habitual. De nuevo, aún estamos aprendiendo cómo utilizar
estas herramientas, pero su potencial para recoger el trabajo de
decenas o centenas de colaboradores repartidos por todo el mundo, y su
puesta a disposición de miles o decenas de miles de usuarios está
ya fuera de duda gracias a ejemplos tan claros como la wikipedia. De
nuevo, no hay nada radicalmente nuevo en este modelo, pues la creación
de obras colectivas ya era posible antes de la llegada de estas
herramientas. Pero el número de autores que pueden colaborar, lo
inmediato de las interacciones entre ellos, el gran número de
potenciales usuarios, las posibilidades de ``coordinación
desorganizada'' que permiten las herramientas utilizadas, y el bajo
coste de todo ello produce un efecto completamente nuevo.
¿Qué hacer ante todo esto?
La aparición de nuevas formas de producción y distribución de obra
intelectual es innegable. Aún así aún no estamos en condiciones de
saber si sustituirán a las que hoy día son tradicionales, si convivirán
con ellas, o si simplemente desaparecerán en unos años como
experimentos de juventud de una nueva tecnología. No hay que olvidar
que también otras tecnologías tuvieron en
su día sus ``experimentos'', aunque con el tiempo acabaron
convirtiéndose en modelos minoritarios o simplemente desapareciendo.
Pero lo que tenemos entre manos es demasiado importante como para
simplemente suponer que acabará ``volviendo a la normalidad''. Hoy
día, para
disponer de la amplia diversidad creativa que tenemos en nuestra
sociedad tenemos que pagar varios precios muy altos, en términos de
prohibición de copia, de baja experimentación en la producción
colectiva, de gran dificultad de difusión de producciones con
un interés minoritario, etc. Probablemente, con la tecnología de hace
20 años, el balance era más que positivo para la sociedad.
20 años más tarde, el entorno ha cambiado. Hay señales que indican que
podríamos mantener el nivel de creación pagando por ello un precio
menor. Por ejemplo, el mundo del software libre ha mostrado cómo se
pueden producir programas de calidad sin tener que prohibir su
redistribución ni su modificación. Los foros están mostrando cómo sin
controles férreos se pueden obtener informaciones que, al menos en
algunos casos, tienen gran calidad. Los wikis nos muestran cómo es
posible el trabajo colaborativo en la creación de textos. Las redes
peer-to-peer sugieren que no hay necesidad de restringir la libertad
de copia para conseguir distribuciones amplias de producciones
intelectuales.
Aún quedan muchos problemas por resolver. Los creadores, que al fin y
al cabo son los que hacen posible toda la producción de la que estamos
hablando, han de recibir suficiente recompensa como para que
continúen con su inestimable labor. Es posible que las nuevas formas
de redistribución no sirvan en cualquier entorno o para cualquier tipo
de producción intelectual. Aún está por demostrar la validez de la
creación colectiva en muchos campos. Aún no tenemos modelos completos
que hayan mostrado su validez con las nuevas reglas.
Pero tenemos una responsabilidad hacia el futuro: si las nuevas formas
de creación y distribución de obras intelectuales tienen tantas
posibilidades, si aún sabemos tan poco sobre cómo usarlas, necesitamos
un entorno lo más libre posible para la experimentación. Sólo del
esfuerzo creativo de muchos individuos pueden salir los nuevos modelos
que tanto nos podrían ayudar a pasar a una nueva sociedad del
conocimiento. Por eso es tan importante conseguir que los entornos
legal, social y económico sean favorecedores de esta
experimentación. O al menos, que no sean hostiles a ella.
En lo que tiene que ver con las formas de producción intelectual,
quizás sea esta la labor más importante de nuestra generación.
El cómo se resuelva este asunto va a tener mucho que ver con qué
sociedad de la información tendremos dentro de unos años. Por eso no
debemos condicionar las corrientes de los próximos años a las necesidades de
los viejos modelos, sino promover la experimentación con
los nuevos. El futuro que nos jugamos es demasiado importante como
para diseñarlo pensando sólo en el pasado...
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HEVEA.