Copyright 2005 Jesús M. González Barahona.
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Este artículo fue publicado en el número 54 de la revista Todo Linux.
Este artículo y otros del mismo autor está disponible (o lo estará en breve) en http://sinetgy.org/jgb
De un tiempo a esta parte, parece que se ha puesto de moda entre las comunidades autónomas hacer distribuciones de GNU/Linux. Desde que Extremadura abrió la veda hace ya más de tres años, son muchas más las que han puesto en marcha iniciativas en esa línea. Las opiniones al respecto están divididas: hay quien piensa que son acciones buenas para difundir el software libre, pero también quien muestra su preocupación por la repetición de iniciativas muy parecidas con poca o ninguna coordinación entre ellas, y en muchos casos con impacto muy reducido sobre el entorno al que van dirigidas. Mi opinión al respecto no es ni una ni otra ni todo lo contrario, como suele ocurrirnos a todos. Vamos a ver si soy capaz de explicarla en unas cuantas líneas.
Y en el principio fue gnuLinEx[1]. Extremadura, con la gran dosis de atrevimiento que conlleva ser el primero en empezar a andar un camino, se decidió hace ya unos años a probar la vía del software libre. Entre sus acciones más visibles, sin duda destaca con luz propia su distribución de GNU/Linux, que hasta cierto punto ha puesto a Extremadura en el mapa para los medios de comunicación que se ocupan de la tecnología. Y que tanto está cambiado la enseñanza (no sólo de la informática) en las escuelas e institutos extremeños.
Después vino una larga lista: Guadalinex[2] (Andalucía), Lliurex[3] (Valencia) MAX[4] (Madrid), Molinux[5] (Castilla La Mancha), LinuxGLOBAL[6] (Cantabria), y otras que han anunciado sus intenciones, aunque aún no se hayan materializado (o yo no me haya enterado de esa materialización). Y no son sólo las comunidades autónomas: también diputaciones provinciales y ayuntamientos están desarrollando sus distribuciones de GNU/Linux. Y Universidades, empresas, grupos de usuarios... Hacer una distribución está de moda. O es práctico. O da karma. Sea por lo que sea, muchos están en ello.
Sin embargo, este florecimiento de GNU/Linux por todas partes, que a primera vista podría parecer muy positivo (desde el punto de la promoción del software libre) es también muy criticado. Y no es sólo que en el mundo del software libre sea común criticar lo criticable y lo que no lo es. Hay razones objetivas para que muchos duden de la conveniencia de estas iniciativas. Aunque sin duda hay también una parte positiva.
Crear una distribución de GNU/Linux se ha convertido en la primera acción para demostrar que se está haciendo algo con respecto al software libre. Y sin duda está muy bien que las administraciones públicas decidan hacer algo con respecto al software libre, y más si es en positivo. Pero, ¿es una distribución lo más importante, lo primero? ¿Es una buena forma de abrir un camino? ¿Es, siquiera, algo razonable, teniendo en cuenta la gran cantidad de distribuciones que ya hay, entre las que es muy posible que se encuentre exactamente lo que se necesita?
Desde luego, a estas alturas, no es fácil justificar la necesidad de una distribución "autonómica", por ejemplo. Tenemos tantas posibilidades para elegir, que probablemente haya al menos una que satisface las necesidades cualquier un entorno concreto. Basta con adaptarla mínimamente, y listo. ¿Por qué entonces el esfuerzo de hacerla? Muchos opinan que los motivos son puramente de imagen. A falta de acciones reales relacionadas con el software libre, siempre se puede promover una distribución, que da para una bonita presentación a la prensa. Y de paso, cuando haga falta, para explicar todo lo que se apoya al software libre... incluso aunque no se entienda nada al respecto.
Desde otro punto de vista, habiendo tantas distribuciones de GNU/Linux listas para su uso, gastar recursos en crear una nueva (habitualmente contratando a una empresa su desarrollo) no es más que un despilfarro. Una forma de malgastar el dinero público. Porque el mismo dinero se podría haber dedicado, por ejemplo, a formación, de manera que quien vaya a usar GNU/Linux tenga muchas menos barreras de entrada. O se podrían contratar desarrollos personalizados, específicos para tareas para las que aún no hay software libre.
Pero incluso si finalmente llegamos a la conclusión de que crear una distribución específica es razonable, ¿no deberían coordinarse los esfuerzos? Desde luego, es difícil entender cómo comunidades autónomas (o ayuntamientos, o empresas) de entornos culturales muy similares necesitan su propia distribución para básicamente las mismas necesidades. Por ejemplo, ¿cuántas distribuciones especializadas en educación hay? ¿Por qué esta duplicación (o triplicación, o n-plicación) de esfuerzos? Si se pusieran de acuerdo las instituciones que quieren utilizar GNU/Linux en un campo dado, es difícil que no se economizasen recursos, y que fuera posible conseguir metas mucho más ambiciosas.
Una crítica habitual, más de fondo, es la falta de todo un plan estratégico que acompañe a la distribución. O incluso que la distribución sea una parte más de un plan estratégico sobre implantación de software libre en un entorno dado... Desplegar GNU/Linux en un entorno cualquiera, sin preparación y sin medidas adecuadas de acompañamiento, puede causar muchos problemas. Por ejemplo, hay lugares donde el despliegue de software libre en escuelas e institutos provoca el rechazo por parte del profesorado y del alumnado. De un día para otro, y sin comérselo ni bebérselo, se encuentran con que han sustituido su software "de toda la vida", el que usa "todo el mundo" por una cosa rara que no habían visto nunca, que llaman Linux o algo así... Tratan de trabajar con él, y todo se les hace cuesta arriba. Acaban tratando de volver a instalar lo que tenían. O tratando de no usar el ordenador. Y de paso, se quejan donde pueden de "esa porquería que les han instalado". ¿No habría sido mucho mejor un cambio gradual, acompañado de formación, mantenimiento adecuado, despliegues bien planificados, documentación adecuada, etc.? ¿Con una adecuada explicación de los motivos, de qué se gana y de qué se pierde, de las nuevas posibilidades? Si en lugar de gastarse el dinero en una distribución nueva se lo hubieran gastado es eso...
Así pues, hay mucho que criticar. De hecho, las expuestas aquí son sólo algunas de las más habituales. En cualquier foro de Internet donde se comenta una nueva distribución, pueden verse muchas más, y desde luego expuestas de forma mucho más agria.
Y sin embargo, también hay muchos aspectos positivos en acciones de este tipo. No digo (por ahora) que pesen más o menos que los negativos, pero merece la pena considerarlos. Como casi siempre, la botella puede estar medio vacía o medio llena.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que el hacer una distribución no sale tan caro. Los precios, sin duda, varían mucho, dependiendo de qué se quiera exactamente. Pero yo diría que en general están en las decenas de miles de euros, y más cerca de 10.000 que de 90.000. Si comparamos esas cantidades con casi cualquier otra acción en el campo de la tecnología que realice por una administración pública, es algo realmente barato. Probablemente habrá administraciones que se han gastado más en la promoción de su distribución que en la distribución en sí. Por lo tanto, el argumento del despilfarro, sin ser necesariamente falso, tampoco es tan importante. Quizás de hecho esta sea una de las razones por las que algunas instituciones se deciden a promover una distribución: sale muy barato, en comparación con otras acciones de más calado. Y la relación impacto en medios de comunicación frente a inversión es muy, muy buena. Aún queda muy "tecnológico" anunciar una distribución de GNU/Linux.
Pero yo diría que lo que cueste no es tan determinante, ni en positivo ni en negativo. Hay argumentos mucho más interesantes. Por ejemplo, las vertiente de personalización, de adaptación a necesidades concretas, aprovechan una de las principales ventajas del software libre. Puedes hacer con el software lo que quieras, dejarlo exactamente a la medida de tus necesidades. ¿Por qué no hacerlo? Aunque esas necesidades sean poco más que cambiar unos iconos, o elegir un idioma por defecto diferente al habitual. Y si de paso se entra en más profundidades, y se construye, por ejemplo, una distribución adaptada a los planes docentes de enseñanza primaria, ¿por qué no hacerlo? Sobre todo si sale tan bien de precio como hemos comentado. Sin duda el uso de una distribución genérica puede ser muy adecuado, pero para los gustos hay colores. Quizás tenemos que acostumbrarnos a que las reglas del software libre son distintas, y que no necesitamos café para todos...
De todas formas, y más allá de las ventajas concretas que pueda haber en la promoción de una nueva distribución, no hay que olvidar las ventajas genéricas. Y entre ellas, destaca el que este tipo de iniciativas se está convirtiendo en el camino de entrada hacia el software libre. La distribución suele dar ocasión para que muchos se preocupen de este nuevo fenómeno, para que se consideren nuevas opciones. Incluso para que los medios de comunicación se ocupen, por unos días, de cómo puede usarse software libre en distintos entornos. Muchas veces el anuncio de una distribución nueva, por un consejero en una comunidad autónoma tiene más tirón mediático que una sesuda y estudiada estrategia a largo plazo, que es, quizás, menos "tangible" que la caja de CDs que se reparte en la presentación. ¿No es esto positivo en si mismo?
Desde un punto de vista técnico, y por buenas razones (tanto técnicas como económicas), casi todas las distribuciones promovidas por diversas instituciones están basadas en Debian[7]. Esto es positivo por varios motivos. Por un lado, permite una mayor difusión de una distribución muy estable, muy madura, muy completa, que sin embargo tiene problemas serios de actualización: la distribución estable de Debian suele ser, en media, más de un año "vieja". Las distribuciones basadas en ella permiten usar Debian sin tener que esperar a la nueva estable de Debian... Y en muchos casos permiten hasta instalar encima de ella paquetes del propio proyecto Debian. En casos especiales, incluso el desarrollo revierte, siquiera parcialmente, en Debian, con lo que de alguna forma se cierra el círculo. Una nueva tendencia en este ámbito, usar Knopix[8] o Ubuntu[9] avanza un paso en esta dirección, pues ambas distribuciones contribuyen de vuelta a Linux no pocos de sus desarrollos. Por lo tanto, de alguna forma el mundo del software libre en general se beneficia de estas distribuciones "a medida". Y además no se produce una dispersión demasiado grande, ya que el grado de compatibilidad de todas estas distribuciones, por estar basadas más o menos cercanamente en Debian, no son tan diferentes.
Creo que también es conveniente darse cuenta de que las cosas no van tan rápido como nos gustaría a muchos, pero que esto a veces es así porque no puede ser de otra forma. La administración (y muchas otras instituciones) es en muchas ocasiones un tanto lenta de reflejos. Quizás ahora se esté tendiendo a un camino relativamente fácil, la contratación de una nueva distribución a una empresa. Pero puede que este sea un primer paso hacia acciones más interesantes, realizadas con una mayor coordinación. Según pasa el tiempo y proliferan los anuncios, se va a haciendo más palpable la conveniencia de coordinar todo esto. Algunos movimientos en esta línea están teniendo lugar ya. Quizás dentro de unos años veamos cómo un número grande de administraciones públicas se ponen de acuerdo, a nivel nacional o incluso internacional, para poner en común recursos y financiar una distribución que tenga, por ejemplo, todo lo que podría faltar en el mundo del software libre para las necesidades escolares.
Por último, según va pasando el tiempo, no es raro el caso donde se va aprendiendo por ensayo y error. Y tras el despliegue de una distribución sin planes especiales, sin apoyo, sin una estrategia clara detrás de ella, se va poco a poco evolucionando hacia una exploración más a fondo del mundo del software libre. En lugar de una distribución enmarcada en un plan completo sobre el uso de software libre, se acaba con un plan completo sobre el uso de software libre alrededor de una distribución. Y ¿no está bien lo que bien acaba?
Después de analizar brevemente todo este asunto en positivo y en negativo, llega la hora de mojarse un poco, y dar una opinión. Yo creo que, teniendo todo en cuenta, hay muchos más efectos beneficiosos que perjudiciales. El gasto público no es tan grande, y según va pasando el tiempo hay más conciencia de que lo importante es estudiar cómo puede beneficiar el software libre a una institución, o a una sociedad, y a partir de ahí diseñar una estrategia que permita aprovecharse de esas ventajas. Toda esta historia de las distribuciones con el tiempo se convertirán en algo relativamente anecdótico, que proyectos como Metadistros[10] harán incluso más fácil, económico y habitual.
En el fondo, abrir camino no es tan fácil, y probar con nuevas acciones en el campo de la tecnología siempre tiene su riesgo. Por eso es hasta cierto punto normal que se empiece una y otra vez un camino ya recorrido, que se percibe con pocos riesgos, en lugar de explorar nuevas acciones. Según pasa el tiempo, se van completando etapas, y es más fácil tomar decisiones más ambiciosas, y mucho más interesantes. Al fin y al cabo, el software libre es todavía un completo desconocido en muchos ámbitos: no es fácil pasar de cero a cien en cero segundos.
Tengo también la percepción de que cada vez más la distribución de turno es parte de una serie de medidas mucho más profundas. Que somos nosotros mismos los que nos centramos en ella, quizás porque es lo más criticable, o lo más conocido. Pero no sería el primer caso donde se ataca con saña a una institución por sacar una nueva distribución sin tener idea de para qué la quiere, cuando precisamente ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a reflexionar sobre el particular, y ha lanzado la distribución a la vez que toda una batería de medidas a corto y medio plazo para rentabilizarla.
Para acabar, creo que es también muy importante la idea de que podemos adaptar el software libre exactamente a nuestras necesidades. Si el ayuntamiento de Valdeovejas quiere que Valdelinux tenga un escritorio donde cada icono es un corderito que bala y todo, como muestra de su identidad, ¿por qué no tenerlo? Ya decidirán sus vecinos si les parece una buena forma o no de gastarse algo de su dinero. Y desde luego, hay personalizaciones mucho más relevantes que este burdo ejemplo. El que el dinero se haya tirado a la basura, o se haya gastado adecuadamente dependerá más del conjunto de acciones que se hayan tomado, y que se hayan posibilitado para el futuro, que el cómo hayan sido los iconos.
Al fin y al cabo, a muchos les gustaría una distribución con su nombre (colectivo o individual), ¿no? Quizás la moda de hacer distribuciones se extienda, y las distribuciones personalizadas, con nombre propio y tirada limitada se conviertan en el regalo de moda de las próximas navidades. ¿No sería original?
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