¿Para qué queremos patentes de software?

Jesús M. González Barahona

Septiembre de 2003

©2003 Jesús M. González Barahona
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Este artículo fue publicado en el Ciberpais, suplemento de El Pais, el 25 de septiembre de 2003.

Si alguien escribe un programa de ordenador, puede comercializarlo como mejor le parezca. Si una empresa crea un nuevo sistema software, puede explotar comercialmente el resultado de esa inversión sin más preocupaciones que su éxito en el mercado. Si un innovador tiene una buena idea sobre un servicio que se puede proporcionar en Internet, construye los programas necesarios, lo pone en marcha, y compite libremente en el mercado. La legislación de derechos de autor, que otorga derechos exclusivos a los creadores de los programas, les asegura todo esto. Simple, ¿no?

No.

Ya no.

O quizás sí...

Todo depende de que los programas en cuestión tengan que someterse o no a una legislación que admita las patentes de programación (o de software). Las patentes son monopolios comerciales que duran 20 años. Cuando se admite aplicarlas al software, cualquiera de los miles de técnicas diferentes que utiliza un programa de tamaño medio puede estar sujeto a una patente. Si lo está, su dueño (el de la patente) puede impedir la comercialización del programa, y pedir el pago de una parte de los beneficios obtenidos con su uso comercial. Sin haber tenido que competir en el mercado. Sin haber tenido siquiera que crear un producto. Buena forma de fomentar la construcción de programas innovadores y nuevos servicios, ¿verdad?

Durante la mayor parte de la historia de la informática las patentes de software no han existido como tales, a efectos prácticos, en ninguna parte del mundo. Durante este periodo se han desarrollado campos completos de la tecnología, como Internet o la ofimática, y la industria informática ha sido probablemente la más innovadora. Hace unos diez años las patentes de programación comenzaron a aceptarse rutinariamente en EE.UU., y desde entonces ha comenzado una presión por hacer lo mismo en el resto del mundo.

A principios del año 2002 la Comisión Europea publicó su propuesta de directiva sobre patentabilidad del software (el nombre exacto es de "patentabilidad de invenciones implementadas por ordenador"). Desde entonces la Comisión (y los partidarios de que sea aprobada) la han presentado, sorprendentemente, como un asunto meramente de "técnica jurídica", cuyo fin principal es la armonización de legislaciones en Europa, y que no supondrá grandes cambios en la situación actual. Sin embargo un análisis detallado de su texto muestra cómo abre la puerta grande para las patentes de programación en Europa, en unas condiciones muy similares a las que tanto se están criticando últimamente en Estados Unidos.

Uno puede considerar que las patentes de software perjudican seriamente la innovación en el campo del software, y son dañinas para la sociedad en general (como es mi caso, fundado en un estudio detallado de su impacto sobre el sector informático en su conjunto), u opinar justamente lo contrario. Pero es difícil de entender que este debate se haya tratado de hurtar a la sociedad, e incluso a los actores más directamente afectados. La inmensa mayoría de los productores de software (empresarios, profesionales, etc.) no han sido convenientemente informados, de forma neutra y equilibrada, de lo que puede suponer para sus negocios y su trabajo la introducción de estas patentes. Al menos hasta que han llegado a ellos las campañas de los que nos oponemos a que la directiva pase inadvertida, mostrando entonces, en general, su gran preocupación. Asociaciones de profesionales informáticos, sindicatos, organizaciones de PYMEs, investigadores, economistas y más de 250.000 europeos (firmando personalmente) han mostrado su desacuerdo con que el software sea patentable. Pero aún así hay quien habla de que esta directiva es lo que quiere el sector informático europeo.

¿A quien le interesa que esta directiva introduzca las patentes de software en Europa? Esta semana la propuesta se vota en el Parlamento Europeo. Según salga adelante, se rechace o se enmiende adecuadamente, y según qué vote cada cual, podremos empezar a saber quién está a favor de la libertad de innovación y quien no...



Jesus M. Gonzalez-Barahona 2003-10-06