Baranda
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Febrero de 2002
©2002 Baranda.
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Este artículo fue publicado en el número 18 de la revista Todo Linux.
En los últimos meses hemos visto cómo Miguel de Icaza (fundador del proyecto GNOME) escandalizaba a medio mundo del software libre cuando anunciaba que le gustaría que alguna futura versión de GNOME estuviera basada en .NET, y cómo Richard Stallman (fundador de la Free Software Foundation) pedía, por otro lado, colaboración entre GNOME y KDE. Las palabras de Miguel sonaron a muchos como una pérdida de norte y poco menos que una sumisión del futuro del software libre a la estrategia de Microsoft. La petición de Richard ha extrañado también a gran cantidad de conocedores de la historia de KDE y GNOME: no puede olvidarse que este último nació como proyecto cuando la Free Software Foundation lo lanzó para asegurar que habría aplicaciones de escritorio libres, en una época en que KDE dependía de las (entonces propietarias) bibliotecas Qt. Desde entonces, siempre ha habido un punto de enfrentamiento entre ambos proyectos.
¿Qué está ocurriendo para que presenciemos sucesos tan ``radicales''?
En realidad, estos anuncios no son tan nuevos. Por un lado, hace mucho tiempo que Miguel de Icaza ha dicho a quien le ha querido escuchar que hay que utilizar las buenas ideas, se le ocurran a quien se le ocurran. Por eso (y porque hay quien piensa que Microsoft ha realizado muchos desarrollos técnicamente interesantes) el modelo de componentes de GNOME, Bonobo, tiene tantos parecidos con el de Microsoft. Por eso las similitudes entre MS Outlook y Evolution son más que casuales. Y por eso Ximian, la empresa que Miguel ha ayudado a constituir, lleva tiempo trabajando en Mono, una implementación libre de parte de .NET. No es muy extraño que, después de estos precedentes, si Miguel de Icaza considera que la tecnología .NET es prometedora, proponga incluirla en GNOME de una forma o de otra.
Por otro lado, y a pesar de lo que se ha dicho muchas veces, lo único que no le gustaba a Richard Stallman de KDE era su dependencia de software no libre (en los primeros momentos, cuando Qt no era libre) y lo discutible de su mezcla de licencias (después, cuando la QPL no era compatible con la GPL). Pero hoy día ambos problemas están resueltos satisfactoriamente, y todo el software que se está desarrollando en KDE es libre. ¿Por qué motivo no va Richard Stallman a abogar por una mayor colaboración entre GNOME y KDE en esta nueva situación?
Por supuesto, se pueden ver las cosas de otras formas. Pero seguramente estarás de acuerdo conmigo en que si hacemos esta lectura, la situación no es tan sorprendente...
Aún así, cada uno es libre de pensar lo que quiera, faltaría más. Y de hecho, en al comunidad del software libre otra cosa no se hará, pero opinar, desde luego que se opina. Y muchas de estas opiniones no han sido nada favorables ni a Miguel ni a Richard. Al primero se le ha llamado de todo menos bonito, con gran proporción de términos relacionados con ``vendido a Microsoft'' (acusándole de tratar de poner en manos de esa empresa el futuro de uno de los principales proyectos de software libre). Al segundo también se le han dicho unas cuantas lindezas, entre ellas ``aprovechado'' (razonando que ahora que KDE tiene un buen futuro y es un proyecto sólido, y visto que no lo puede hundir, va a tratar de aprovecharse de él lo más posible).
Pero lo más peculiar de todas estas discusiones es que suelen hacerse desde la óptica de ``eso no es bueno para el software libre, mejor deberíamos hacer esto otro''. Y ese es uno de los principales motivos para criticar a las personas más visibles del mundo del software libre. Por eso, en tantos casos, las discusiones se tornan tan virulentas, y yo diría que no hay nadie relativamente conocido en el mundo del software libre que no haya sido duramente criticado unas cuantas veces, por un montón de gente. Es más, casi podría decirse que si no te han criticado, no eres nadie en el mundo del software libre...
Paradójicamente, el motivo de esta situación es una de las fortalezas del modelo de software libre: nadie lo controla realmente (ni siquiera un grupo de personas, de empresas o de intereses). Como mucho, unos influyen más que otros. E incluso estas influencias son pasajeras, y sujetas a la opinión (y los esfuerzos) de muchos. Todos nos sentimos con derecho a decidir quién se está equivocando, y por dónde deberíamos ir. Y mucha gente está dispuesta a invertir muchas energías en ello. Tantas, queen muchos casos todo termina con un nuevo proyecto. Esa es por ejemplo la historia del nacimiento de GNOME (un grupo de desarrolladores descontentos con la estrategia de KDE), de casi todos los derivados de BSD, de XEmacs, y de muchos más. Cuando no se considera adecuada la estrategia de un proyecto, primero se critica desde dentro, pero si la cosa no funciona, es posible iniciar un nuevo proyecto, probablemente incluyendo parte o todos los resultados del proyecto al que se criticaba...
Mucha gente opina que esto lleva a la fragmentación, y lucha por evitarlo. Y trata de influir en el proyecto, evitando separarse de él. Trata de contrarrestar todas las influencias que considera ``malas'', y de criticar a todos los que intentan llevar al proyecto en direcciones diferentes a las que él considera adecuadas. Y eso lleva a discusiones enconadas y a críticas casi salvajes a los que más parecen destacar. Así podemos entender cómo, llevados por la buena intención, llegamos hasta el insulto. Aunque esto no es nada extraño, pasa en muchos ámbitos. Pero en el caso del software libre es, en la mayor parte de los casos, completamente innecesario.
Porque en el mundo del software libre no tenemos necesidad de seguir una única estrategia, y de hecho es bueno no seguirla. Como dice el refrán, es mejor no tener todos los huevos en el mismo cesto. Cada proyecto puede seguir su propia estrategia, y si una parte de la gente que trabaja en él no está de acuerdo con cómo se hacen las cosas, puede montarse su propio chiringuito y seguir desarrollando, sin tener que empezar desde cero. Así ha sido siempre en este mundo, y las cosas no han ido tan mal...
Desde hace más de 10 años tenemos dos grandes familias de sistemas operativos: por un lado Linux, con todas sus distribuciones, y por otro los derivados de BSD. Cada uno, además, completamente subdividido. Hoy día, GNU/Linux parece el claro ganador, al menos por número de usuarios, pero no siempre las cosas estuvieron así de claras. Y sin esta estrategia de multiplicidad, quizás todos seguiríamos tratando de revivir Slackware... También tenemos dos grandes proyectos en el mundo de las aplicaciones de escritorio (GNOME y KDE). Y en muchos más ámbitos. O para ser más correctos, normalmente tenemos más de dos proyectos donde elegir, aunque muchos son más pequeños que otros... De hecho, esta diversidad se observa no sólo entre proyectos, sino en casi todos los ámbitos del mundo del software libre. Tenemos una enorme variedad de licencias (aunque algunas, como la GPL, son claramente dominantes). Tenemos muchos modelos de negocio, empleados por empresas con objetivos muy diversos. Tenemos desarrolladores profesionales y voluntarios. Allá donde mires, tenemos más de una forma de hacer las cosas.
¿Por qué esto es, en mi opinión, bueno? Porque nadie sabe cuál es la mejor forma de hacer las cosas. Si la supiéramos, bastaría con seguirla todos. Pero no la sabemos. Podemos suponerla, o creer en ella con mayor o menor fuerza. Pero no la sabemos. Además, esa estrategia ``óptima'', si existiese, sería cambiante. Con distintas circunstancias, el camino a seguir es también distinto. Cuando un proyecto toma sus propias decisiones, puede equivocarse. Por eso es importante que, un poco más allá, otro proyecto tome otras decisiones, quizás más acertadas. Por supuesto es bueno evitar las acciones que son claramente malas para el desarrollo. Pero muchas veces eso no es tan fácil de hacer. En general, la mejor estrategia, es tener muchas estrategias.
Y al fin y al cabo, eso es lo que ocurre en el mundo del software propietario: en contra de lo que mucha gente piensa, Microsoft no es ``el enemigo a batir''. Es únicamente una de las muchas empresas que ha seguido una de muchas estrategias entre las que permiten las reglas del software propietario. Hasta ahora esa estrategia se ha mostrado excelente, encumbrando a Microsoft como líder entre los que siguen esas reglas. Pero si no hubiesen sido ellos, habría otra empresa liderando el software propietario. Lo que tiene que demostrar el software libre es que su modelo permite conseguir mejores resultados que los que se pueden conseguir el mundo del software propietario. Y para conseguirlo, es bueno que se exploren todas las posibles estrategias, no sabemos cuál de ellas es la mejor.
Si hay algo que no sobra nunca, son las buenas ideas. Por eso, cualquier idea nueva debería ser tratada con mimo: incluso la que a primera vista parece más descabellada es un tesoro en potencia. Y si hay gente dispuesta a probarla, y a poner en ella su tiempo, sus recursos y su energía, es difícil no reconocer que no está de más darle una oportunidad. Si Miguel cree que el futuro del software libre está en .NET, estemos de acuerdo con él o no, dejémosle que pruebe: si tiene razón los beneficios para todos serán muchos. Y si creemos que no tiene razón, asegurémonos de que se prueban también otras opciones, quizás invirtiendo en ellas nuestro propio tiempo, nuestros propios recursos y nuestras propias energías. Si Richard propone una colaboración donde antes casi proponía enfrentamiento, dejémosle que lo haga. Seguramente merece la pena probar esa estrategia. Y si nos parece razonable, pongamos en práctica la contraria. El tiempo, dentro de unos años, dará y quitará razones.
¿O no?